diumenge, 30 d’agost de 2015

Ficciones replicantes I, B.

Tuviésemos que imaginarnos cuánto nos asombra cuando en realidad algo "parece repetirse" (viejo señalamiento freudiano que apunta a la pulsión de muerte y a nuestras peripecias de la represión mnémica). El susto que nos puede causar si sentimos que "esto ya ha sucedido" y, peor aún, "yo estoy nuevamente en este lugar" (sin haberlo planificado). Pero notemos la siguiente contradicción genial:1) Buscar como algo puede repetirse es una de las obsesiones del control cientificista, su afán por predecir en un mundo que no es completamente contingente sino regido por una "Naturaleza" (la cual está regida por leyes, patrones, paradigmas, etc.-notemos el tono patriarcal del asunto); 2) Que algo se repite significa que "yo no puedo cambiarlo" (o desconozco como), y como una mala racha, retorna sobre sí, como burla o mofa ("pegándonos el vellón") sobre nosotros como un mal recuerdo, como trauma, como estancamiento y límite. Ni hablar de la sensación de monotonía, a la cual hemos tendido a vincular con lo simplón, lo primitivo y lo "indiferenciado". Esta sensación rompe con muchos de los delirios modernos respecto al "progreso" o a la riqueza como una simple "acumulación diligente" (hija de la "voluntad libre"), o nos recuerda a que, pese a todo, existen cosas fuera de nuestro control (como decía unos viejos sabios "eso te pasa por querer cagar más arriba del culo").

[Tentativamente podemos decir que estas dos "repeticiones contradictorias", para nada exhaustivas, pueden calificarse como la repetición como domesticación o realización y la repetición como límite y maldición. Obviamente ambas conceptualizaciones son borradores que requieren una repetida labor y re-mirada, no obstante, las tiro para ver como rebotan] 

            En muchos sentidos este "susto" al que aludo lo podemos ubicar socio-históricamente en el siglo XIX como parte de las reflexiones respecto a la "degeneración" como signo de una "enfermedad debilitante" (o "infirmidad") o de las obsesiones constantes con "descubrir" que lo "primitivo" permanece en los oscuros rincones de la razón (dentro de una visión de "estados" progresivos de la razón y de eso que fue mal-llamado "civilización"). Los "idiotas", "cretinos" y "morones" eran un insulto para el progreso de los "mejores" (dentro del heterogéneo campo darwinista social). Estos "tarados" con sus deformadas taras demostraban que "no avanzamos" realmente. Bueno, pero eso ya estos asuntos los retomaremos en otro momento, basta con señalar que: tenemos una tendencia de esencializar lo individual como lo irrepetible, como lo "único" y con ello asumir que la monotonía, lo mecánico, lo biológico o todo aquello que se rige por leyes, debería estar "fijo" como "base corpórea" a la cual se le añade una plusvalía que promete una mutación infinita hacia la superación. A su vez sin esta "fijeza", sin ese punto fijo (como el "espacio" y el "tiempo"), yo no puedo medir cuánto avanzo (decir ya soy un hombre y debo dejar atrás asuntos infantiles).
Ya sé, una contradicción, pero como dije dejemos el asunto en suspenso. 
            

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