dimecres, 29 de juliol de 2015

Les campanes de les esglésies, substitiuides per les sirenes, els altaveus, les ràdios

Terror y utopia. Moscú en 1937. El flaneur de Benjamin, el montatge de Eisenstein, apareixen com a perspectives preliminars... Sembla que em persegueixen! Karl Schlögen parla de com Benjamin se n'adona que les campanes de les esglésies s'han silenciat a Moscou, ara hi sonen sirenes, música per altaveus, nous sons i formes de reproducció, transmissió i amplificació sonora modernes, industrials, mecanitzades.

El temps, el ritme, de la ciutat i la vila rural -així com el seu record o nostàlgia-, com nota Benjamin, s'identifica amb les campanes del campanar, amb els quarts i les hores marcades des de l'església.

dijous, 23 de juliol de 2015

"Impressionisme" a Al Sol i La muralla

Recordo, tot llegint parcial i malament Proust -bé, la mala lectura pot ser la més fructífera, diu Ramon Alcoberro-, que em va venir al cap la paraula "impressionista". Em semblà llavors que aquest terme podia descriure bé com l'autor francès fa que el lector s'identifiqui amb el punt de vista i les sensacions que, a l'obra, rep el narrador. A banda de les impressions gustatives o olfactives que desencadenen el viatge en el temps i l'espai que és la memòria involuntària -mai més les magdalenes seran només magdalenes!-, recordo llegir pàgines senceres en les quals "no passava res", tan sols s'explicava com l'observador/narrador veia o no veia, com i des de quin angle, el campanari i la resta del paisatge, segons el moviment del vehicle en el cual es desplaçava. Aquestes successives imatges, podríem dir successius enquadraments -postals?-, eren imatges, però les altres sensacions tambè creaven imatges.

En aquest sentit, també a Benjamin -bon lector i traductor de Proust- trobem mecanismes molt similars, goso a dir, de nou, "impressionistes". A La muralla també el desplaçament per l'espai real del narrador li permet o no trobar aquella vista, aquella postal -literalment-, que desitja. Benjamin aconsegueix que ens les imaginem, que pensem les imatges de la postal i de la vista de muralla. Tanmateix, a Al Sol, sigui un relat autobiogràfic o no, s'assoleix la identificació amb les sensacions, les experiències, de l'individu que camina sota el sol de l'illa. El so de les petjades, del vent i dels animals, el moviment de les fulles, les perspectives-interpretacions de l'observador respecte a l'espai i a la pujada de les montanyes properes i llunyanes, fins i tot tenim un exemple de memòria involuntària quan un arbre porta a un altre, d'un altre temps i un altre espai. A Al Sol, Benjamin descriu imatges des del punt de vista d'un observador mòbil, una successió d'imatges successives, i a més ens transmet sensacions, impressions, experiències que creen, suggereixen, ens fan imaginar, com l'autor diu a altres llocs, més imatges. Tot un seguit d'"impressions", d'experiències que provenen gairebé, directa o indirectament, de tots cinc sentits, més tot allò que té a veure amb el calor, la suor, tot barrejat amb les interpretacions que en va fent el caminant -per exemple quan es toca la cara perquè pensa que hi té una mosca i és una gota del seu propi suor. Imatges d'imatges, imatges d'experiències.

PS: Quan es diu que aquest tipus de texts són "literatura fotogràfica" (http://www.sas.ac.uk/videos-and-podcasts/culture-language-literature/warburg-s-and-benjamin-s-mediterranean-chronotopoi-i), com ho fa Gerhard Wolf, es vol dir el mateix que vull expressar aquí amb la paraula "impressionista"? 

dimarts, 21 de juliol de 2015

¿Somos lo que vemos?

A tono con Nietzsche nada "que nos pasa" es ajeno a nosotros. Solo el más reacio/reaccionario de los narcisistas se quedara suficientemente en-sí-mismado para decir "o tu o yo".

Un ojo blanco no me dice nada
Hasta cuándo posar de inteligente
Para qué completar un pensamiento
¡Hay que lanzar al aire las ideas!
El desorden también tiene su encanto
Un murciélago lucha con el sol:
La poesía no molesta a nadie
Y la fucsia parece bailarina.
Nicanor Parra/Versos Sueltos

De qué lado del monitor estamos?
-Ésa no es la pregunta que debes hacerte
Rafah Acevedo/ Exquisito Cadaver

¿Fuese posible regalar una mirada? ¿Acaso no hay algo exquisitamente histérico en todo este asunto? Hay algo espectacular en la histeria y algo impenetrable. Por el otro lado, el narcisismo logra hacer todo un yoga que lo convierte en sortija carnosa, en ombligo y en puro entumecimiento. El narcisista no se asombra, ni si quiera mira a otro; es completamente fiel a su propio espejismo (hasta el punto de celarlo, envidiarlo y matarlo). 

En su sentido más particular, resulta imposible que al mirar algo no rebote algo "para atrás", y ya hace rato que no somos como éramos hace un instante.

El estadio del espejo o del video (inclusive del "Selfie") es siempre una traducción; detrás de ese rebote lo que hay es luz, arena y, sabrá Dios, los símbolos digitales de Pitágoras.

¿Y qué pensar de los pellejos de Lucrecio? De los cuerpos se desprenden otros cuerpos, como "la leña que se desprende humo" o "el fuego calor", "cuerpos que golpean los ojos y activan la vista". Los simulacra son "como pellejos desprendidos de la superficie corpórea" o "cortezas" que divagan, se desparraman, revolotean acá y allá entre las brisas penetrando nuestro cuerpo y golpeando nuestra vista. ¿Cuántas inmundicias azarosas tendré en mí? No solo bacterias y viruses, probablemente fosilizados o incubándose, sino todos los polvos, pellejos, callos, pelos, gritos, olores, temblores de quienes han habitado este lugar.

Si eso no bastase, si seguimos a Lucrecio hasta las palabras "estan hechas de unos principios corporales", y nos afectan. Pero tampoco es para volverse piadosos, temiendo que el cuerpo sea tan poroso y tenga que huir a todo tacto (como sucedió cuando en el Medievo se prohibieron los baños y todas sus ligaderas). Este cuerpo penetrado tiene protecciones ("por eso casi todos los seres están cubierto de pellejo o, si no, de concha o callosidades"). 

Habitante, viajero, turista

El verdadero viajero experimenta el nuevo lugar. Con tiempo, actitud y sensibilidad suficientes quizás pueda llegar a sincronizarse con él, puede que hasta empezar a vivirlo. Es por eso que, en contraste con los verdaderos habitantes, puede hablar del sitio, de sus características, aunque solo empiece a conocer todos los nombres.

El auténtico turista no experimenta el lugar, únicamente lo recorre. Su imagen se la da a través de un aparato mecánico y su obsesión consiste en "inmortalizar el momento", en registrar el lugar y el demostrar -ahora inmediatamente- que se estuvo ahí. El turista postmoderno busca las comodidades, el consumo, la comida de casa, más ciertas dosis controladas de tipismo y sorpresa, en nada auténticas y preparadas para los forasteros. El turista del siglo XXI nunca puede experimentar el lugar porque cree conocerlo de antemano, porque no puede perderse, y sus selfies pretenden confirmar la existencia -coexistencia junto a su persona- de aquello que creía conocer, pero que nunca realmente experimentará. El lugar y sus productos son consumidos -ingeridos, fotografiados, registrados en vídeo, recorridos físicamente-, no experimentados ni conocidos, mucho menos vividos -la sincronización simplemente es inconcebible...

Paisaje, impresión y aura

El turista no es un exiliado, ni siquiera un melancólico que busca preñar de futuro a su pasado. El turista no es muy distinto a la caricatura burguesa (el "burgués de ahora") que no se siente feliz ni en su casa a menos que mande en la de otros. Todo lugar es, potencialmente, su infeliz castillo de placeres banales.

Ya no se soportan los paisajes solitarios sin el decoro del romanticismo cliché ni los ruidos que no sean una extensión del elevador, la hielera o las estaciones de tortura (la radio fiel del oficinista o el dentista).

Para Benjamin, el lenguaje es el teatro de la memoria, es el medio de la experiencia como lo es el suelo en donde yacen ciudades muertas. Se requiere de una excavación precisa, y de temer volver una y otra vez sobre lo mismo, de esparcir la tierra, y tener en consideración que se trata muchas veces de una búsqueda inútil y sin frutos. No se trata entonces solamente de compilar un inventario de "descubrimientos", de un "álbum" de "buenos recuerdos" (esos Kodak moments), sino de algo más.... eso que aún los empiristas llamaban un "no sé qué". 

Belloc: el nombre hace el lugar o el lugar da el nombre

¿Cómo se "saca (se hace, se piensa) un nombre"? ¿Será acaso similar a los actos de magia de Méliès? 

Poner un nombre no debería ser etiquetar (y hoy en día pareciera que entre alzas y descuentos, hay que des-etiquetar) ni una mera formalidad. Un buen nombre es bien digerido por el lugar, de lo contrario se convierte en veneno o sequía. Solo cuando algo encaja (antes o después de estrellarse) es que estamos frente a una constelación. Hay que fijarse en las marcas, los tachones, lo borrones y las grietas para ser poseído por lo que pervive.

Los nombres como etiquetas de autoridad o autoría "se pegan", son "pura paja".

 Mientras algunos instruidos buscan llamar con su verdadero nombre a las cosas, esperando que Dios o la Naturaleza se vire, fuese más preciso ladrarle a las cosas para ver si "ladran pa' tra ". Cierto es que, como dice Deleuze, el ladrido es la vergüenza del reino animal, pero al menos es algo más que puro eco. En el peor de los casos interrumpe o suspende al instruido.

Hay lugares que nos llaman, no sólo porque fueron y son llamados, sino porque nos conocen, nos han cedido algún nombre, y posiblemente, porque son tan distanto-cercanos? como cualquier espacio en donde habitó la infancia.

"Porque la niñez es la que encuentra la fuente de la melancolía, y para conocer la tristeza de ciudades tan gloriosas y radiantes es preciso haber sido niño en ellas"

Benjamin, Historia de una embriaguez de haschish

diumenge, 19 de juliol de 2015

Tot buscant obagues i llocs urbans

Tot i que mai trobaràs -o sí?- les obagues de l'Eixample de Roger Mas, les ciutats -o algunes, o parts concretes d'algunes- encara poden esdevenir llocs. Com nota Perejaume, també la ciutat pot ser un lloc, ser única i inintercanviable. Sons distintius, olors, ferums particulars, poden encara identificar -i portar-nos amb la memòria involuntària à la Proust a- veritables ciutats-llocs. Parlem, esclar, de ciutats que encara són realment vives, i que ho són probablement en part perquè tenen una història, un pòsit de segles, unes formes de vida i socialització arrelades i que en són hereves. Fins i tot les podem considerar palimpsests vivents o poden gaudir d'un punt de confluència únic amb la natura més o menys humanitzada, com la Venècia que es mor descrita per Salvatore Settis. L'aeropot, l'autopista, el centre comercial, el "fast-food" i l'allotjament globalitzat, aïllen el viatger de l'experiència d'aquesta ciutat-lloc. Tots aquests no-llocs (Marc Augé) es basen en la separació de l'entorn, l'asèpsia, la seguretat, el clima i l'olor controlats i dirigits cap al consum.

dissabte, 18 de juliol de 2015

Unitat i unicitat del lloc: Perejaume al Sol (sota un lleu influx dionisíac de Torres)

Potser Francesc Pujols i Perejaume, probablement Miró, eren xinesos, pensaven en xinès sense saver-ho... Nivells i plans diferents, però interconnectats, no realment separats. El concret pot ser l'important -i portar-nos a un altre lloc, pla i coneixement-, però no a un espai metafísic inexistent. Com diguè Francesc Pujols, "les plantes són àngels adormits a la terra i els àngels plantes despertes al cel".

A Al Sol benjaminià, el filòsof escriu del rostre, so i olor que els animals i pastures donen a l'illa. Tots ells són únics, tot allò esdevé combinació irrepetible. El nom del lloc, potser el lloc mateix i tots els noms que hi tenen a veure amb ell i els éssers vius que hi viuen, és una mena de codi xifrat, aquell codi que només pot desxifrar el camperol, la persona arrelada a la terra. El camperol que sap tots els noms del lloc, però no en pot parlar.

El veritable lloc no només és únic, configurat per una combinació peculiar d'ésser vius, geologia i noms, sinó que a aquesta combinació terrestre hi correspon, potser com un mirall, una imatge o miratge celeste. Cel i terra s'enmirallen. Els estels cauen i adoben els camps. L'arada solca els cels. És el Camp, segons Miró i Perejaume. Potser el codi terrestre es reflecteix al cel, o potser els camps conreuats pujen enlaire i es reflexen en les nits estelades. Hi podem veure consel.lacions, fins i tot podem gosar d'enxarxar estels -imaginar constel.lacions?-, com ens canta Lluís Llach.

divendres, 17 de juliol de 2015

Paisaje, impresión y aura (castellana)

Walter Benjamin nos dice que la primera vista de un pueblo o ciudad en la lejanía es especial, única. En algunos casos, la visión puede parecer casi invisible, de bella y perfecta que es, como en la excursión a Sant Vicent. Esa primera impresión no es repetible, pues se da desde la lejanía y con anterioridad a una sensación de proximidad, de cercanía, que es imposible que se haya dado previamente. Curiosamente, como explica en La muralla, esa sensación mágica puede suceder cuando no advertimos que lo contemplado ya es conocido, cuando lo vemos desde un ángulo, un punto de vista, que nos lo hace irreconocible. Esa experiencia especial de extrañeza y distancia es posible relacionarla con algunas de las nociones del aura que emplea Benjamin, pues, como él mismo indica, cada lugar es único, en cada emplazamiento se da una combinación peculiar de seres vivos que no es repetible -un encuentro o intersección, traducido como constelación en una de las traducciones al castellan, de animales y plantas, para seguir la expresión del autor-, incluso de variedades casi infinitas de estos, que solo son conocidas por los locales (Al sol), paradójicamente aquellos que no pueden hablar de su territorio, pero conocen todos sus nombres. Nombres descriptivos o que crean lugares, especificidades únicas e irrepetibles que combinan lo humano y lo supuestamente natural y definen el verdadero lugar, todos estos son elementos que menciona Perejaume y que conectan claramente con lo ya expuesto.

La cercanía, el vivir y recorrer el lugar, el pensarse o creerse ya en cierto grado de intimidad con él, evita el vagabundeo, la pérdida (de lo que se deduce que Benjamin realmente no conocía el lugar donde se desarrolla La muralla), y abre unas perspectivas nuevas. El lugar ahora familiar, el lugar entendido como hogar, se asocia entonces a elementos cotidianos, repetidos y rítmicos, aquellos que, añado, quizás se pueden recordar después con nostalgia, como las campanas que marcan las horas desde el campanario. El vivir acompasado con esos ritmos y sonidos diarios, el probablemente ni advertirlos conscientemente como algo que ya es parte del ambiente y del diario vivir, sería lo propio del habitante, del nativo o el establecido por cierto tiempo, en oposición al viajero o turista que no se apropia o disuelve en el lugar. El turista o veraneante del siglo XXI no experimenta el lugar y/o lo hace parcialmente como exotismo, sin integrarse a los ritmos y sonidos del lugar. Ahí, la memoria involuntaria es imposible o, inversamente, te transporta a otro lugar, te desplaza a otro espacio. En la mayor perversión posible, el veraneante o el habitante estacional exige la desaparición de los sonidos y los olores del lugar, de todo aquello que distrae del disfrute del paisaje y supuestamente impide el sueño: estiércol y heces de los animales, sonidos emitidos por el ganado, campanadas de la iglesia, pregones y otras formas de comunicación/socialización local.

dimecres, 15 de juliol de 2015

Lloc i aura

Si, per Perejaume, cada lloc és únic, insubstituïble, irreproduible, si cada pedra té aquest valor irrepetible, el lloc, la pedra, són equiparables a l'obra d'art, tenen la seva pròpia aura.

Som el què veiem?

Som el què veiem, com diu Perejaume, o millor el què mirem? No serem allò què ens mira, potser? 
Som mirats? Ens reflectim en allò mirat? Tant de bó la mirada i la cosa mirada es troben, dialoguen, s'enmirallen una en l'altra...