dimarts, 21 de juliol de 2015

Paisaje, impresión y aura

El turista no es un exiliado, ni siquiera un melancólico que busca preñar de futuro a su pasado. El turista no es muy distinto a la caricatura burguesa (el "burgués de ahora") que no se siente feliz ni en su casa a menos que mande en la de otros. Todo lugar es, potencialmente, su infeliz castillo de placeres banales.

Ya no se soportan los paisajes solitarios sin el decoro del romanticismo cliché ni los ruidos que no sean una extensión del elevador, la hielera o las estaciones de tortura (la radio fiel del oficinista o el dentista).

Para Benjamin, el lenguaje es el teatro de la memoria, es el medio de la experiencia como lo es el suelo en donde yacen ciudades muertas. Se requiere de una excavación precisa, y de temer volver una y otra vez sobre lo mismo, de esparcir la tierra, y tener en consideración que se trata muchas veces de una búsqueda inútil y sin frutos. No se trata entonces solamente de compilar un inventario de "descubrimientos", de un "álbum" de "buenos recuerdos" (esos Kodak moments), sino de algo más.... eso que aún los empiristas llamaban un "no sé qué". 

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