divendres, 25 de setembre de 2015

Primer esbozo sobre una constelación de Centauros: Turin abraza a Ibiza


Tanto Benjamin como Nietzsche parieron centauros. En este contexto, se trata de un pensamiento "arenoso", en donde pulsa una temporalidad difícil de agarrar o medir (pese a la costumbre y existencia de relojes de arena). Benjamin escribió, sino me equivoco, en Marsella: "Porque si en los tiempos en que amamos se le va nuestra existencia a la naturaleza por entre los dedos (como monedas de oro que no puede retener y que deja pasar para conseguir así lo nuevo), en esta otra circunstancia nos arroja a la existencia con las manos llenas y sin que podamos esperar o aguardar nada". 

A tono con esto, en una carta a Ernst Schoen Benjamin le describe como al leer Das Belebende de Holderlin, el mundo de los centauros de Maurice Guerin tomo otra significación. En diciembre del 1917 Benjamin le manda a Schoen Der Centaur. Nos dice Benjamin que el centauro pertenece a un momento particular, cuando la creación fue dada vida vía el agua, entendida como un fuerza sin dirección que pertenece al caos. Este caos toma dirección, se vuelve un flujo, que también se estanca y se fermenta (se vuelve en un elemento vivo que da vida).  El agua como principio, ya dicho por Tales. La humedad es vida, eso sin forma (no animado) era el medio de la vida emergente. Como medio es la unidad de los opuestos.

Décadas antes, en el 1870 Nietzsche le escribe a su amigo del club de filología de Leipzig Rohde que ciencia, arte y filosofía estaban creciendo juntos dentro de él.  Estimaba que en este proceso engendraría “centauros". Mejor dicho, y porque no decirlo así, "parir centauros". Nietzsche no tenía, o al menos de eso lo acusaban, ambición literaria en el sentido de aliarse a las filas de la Academia (o como dijese una amiga antropóloga "la cacademia"). Frente a ello consideró que no necesitaba conformarse a estereotipos ni posiciones ilustres. Su finalidad era expresar una cierta libertad y tal radicaba en la figura parida de un centauro "dionisiaco". 

Sin embargo pareciera que los centauros causan muchos disgustos e incomodidad.

En el 1886 Rohde le escribe a Overbeck respecto al libro de Nietzsche "Más allá del bien y el mal". Consideraba a Nietzsche un glotón molesto con todo y todo el mundo, un ermitaño (sin hijos, sin esas anclas que "dan sentido") que sólo crea burbujas para diversiones narcisistas (curioso pensar que Nietzsche estuviese entre aquellos que Pascal condenaba como "entregados a divertimentos"). Rodhe ya no puede tomar en serio estas metamorfosis eternas, en donde todo puede ser modificado. Rohde recrimina que hay anuncios de un gran pensamiento-para-pelos-, pero estas audacias no llegan y el entusiasta se queda con ganas. Poco le faltaba para decir "sólo loco, sólo poeta", para así Rohde convertirse en profeta o algo menos serio. El centauro de Nietzsche era tratado como una quimera.  No había nada tangible, todo corre como arena por sus dedos le escribía Rohde a Overbeck. Arenas que a Poe le causaban tanto llanto: 
I stand amid the roar
Of a surf-tormented shore,
And O hold within my hand
Grains of the golden sand=
How few! yet how they creep
Through my fingers to the deep,
While I weep-while I weep!
O God! can I not save
One from the pitiless wave?
Is all that we see or seem
But a dream within a dream?


Esta escena me hace pensar en el cuento de Kostas Axelos Lo real y lo imaginario:

 Un padre y una madre centauros observan a su hijo que retoza en una playa del Mediterráneo. El padre se vuelve hacia la madre y le pregunta: «¿Debemos decirle que no es más que un mito?».

Me pregunto, no sé si imprudentemente, ¿qué centauros abrá visto Benjamin en Ibiza y Nietzche en Turín?